La resequedad ocular es una de las molestias visuales más comunes hoy en día y, aun así, una de las más ignoradas. Muchas personas viven con ardor, sensación de arena, enrojecimiento o visión borrosa creyendo que es algo normal, parte del cansancio o del uso diario del celular y la computadora.
Por ejemplo, personas que pasan horas frente a una pantalla en la oficina, estudiantes que estudian de noche con el celular o incluso quienes manejan largas distancias con aire acondicionado encendido suelen sentir molestias, pero las minimizan pensando que “así es la vida moderna”.
En una óptica, es frecuente escuchar frases como: “siento que tengo algo en el ojo”, “me arden más en la noche” o “veo borroso, pero luego parpadeo y se me pasa”. Estas experiencias no son casos aislados. Son situaciones reales que se repiten todos los días y que afectan la comodidad visual de muchas personas sin que ellas sepan exactamente qué les está pasando.
La resequedad ocular, también conocida como ojo seco, ocurre cuando los ojos no tienen la lubricación suficiente para mantenerse cómodos y protegidos. Las lágrimas no solo sirven para humedecer el ojo; también ayudan a mantener una visión clara, a nutrir la superficie ocular y a protegerla del polvo, el aire y las bacterias.
Cuando este equilibrio se rompe, comienzan las molestias. El ojo se vuelve más sensible, se irrita con facilidad y puede presentar ardor, comezón, dolor ocular o visión borrosa. En muchos casos, estos síntomas aparecen de forma gradual: primero al final del día, luego con mayor frecuencia, hasta que la persona se acostumbra a vivir con ellos sin buscar una solución.
La resequedad ocular suele manifestarse a través de molestias que muchas personas consideran normales dentro de su rutina diaria.
Ardor, sensación de arena en los ojos, comezón, enrojecimiento o visión borrosa intermitente son algunos de los síntomas más comunes. En muchos casos, estos aparecen después de varias horas frente a la computadora, el celular o la televisión, cuando el parpadeo disminuye y la lágrima se evapora con mayor rapidez.
Otros factores del entorno también influyen de forma directa. El aire acondicionado, la calefacción, los ventiladores, el polvo y los ambientes secos favorecen que los ojos pierdan lubricación, provocando incomodidad que suele intensificarse al final del día. Actividades cotidianas como manejar con el aire encendido o pasar mucho tiempo en espacios cerrados pueden hacer que estos síntomas se vuelvan más constantes.
Además, algunas personas notan mayor resequedad ocular al usar lentes de contacto, con el paso del tiempo o al consumir ciertos medicamentos. La edad, problemas en los párpados y cambios hormonales también pueden contribuir a la aparición del ojo seco, incluso en quienes nunca habían presentado molestias visuales.
Reconocer estos síntomas es el primer paso. Cuando la incomodidad se repite o comienza a afectar la concentración y el bienestar diario, es importante buscar orientación para identificar la causa y encontrar soluciones que ayuden a recuperar el confort visual.
Ante la incomodidad del ojo seco, muchas personas recurren por cuenta propia a colirios o gotas sin saber si realmente son las indicadas para su caso. Aunque en el momento pueden dar una sensación de alivio, el uso incorrecto o excesivo de estos productos puede aumentar la irritación y la molestia con el tiempo.
No todas las gotas funcionan igual ni están pensadas para el mismo problema. Algunas contienen conservadores que, usados con frecuencia, pueden resecar aún más la superficie ocular. Otras solo “blanquean” el ojo de forma temporal, pero no mejoran la lubricación ni la calidad de la lágrima, lo que provoca que el malestar regrese con mayor intensidad.
También existen prácticas caseras que siguen circulando como soluciones rápidas, pero que pueden resultar dañinas. Aplicar manzanilla, agua de rosas, limón, saliva o cualquier sustancia no diseñada para el ojo puede causar irritación, infecciones o agravar la resequedad ocular. Aunque se hagan con buena intención, estos remedios no son seguros para la superficie ocular.
Cuando las molestias persisten o empeoran a pesar de usar gotas, no es señal de que “nada funcione”, sino de que probablemente no se está tratando la causa correcta. En estos casos, una revisión visual permite orientar el uso adecuado de productos y evitar prácticas que, lejos de ayudar, mantienen el problema.
La resequedad ocular no siempre es una molestia pasajera. Cuando el ardor, la sensación de arena, el enrojecimiento o la visión borrosa aparecen con frecuencia, es una señal de que los ojos no están recibiendo la lubricación adecuada.
Muchas personas recurren únicamente a gotas, pero si no se identifica la causa —uso prolongado de pantallas, ambientes secos, aire acondicionado, lentes de contacto o hábitos diarios— el malestar suele regresar.
Cada caso de ojo seco es distinto, por lo que acudir a una consulta de valoración visual cada año permite entender qué está provocando la resequedad ocular y elegir la solución más adecuada para recuperar el confort visual.
Las personas que logran sentirse mejor suelen combinar pequeños cambios en su rutina con orientación profesional. Acciones simples como hacer pausas visuales, parpadear conscientemente, ajustar la iluminación, mejorar la humedad del ambiente o usar lentes adecuados para pantallas pueden marcar una gran diferencia.
En muchos casos, el uso de lentes con filtros especiales, productos adecuados para lubricación ocular y una revisión visual permiten encontrar soluciones personalizadas que ayudan a reducir la resequedad, el ardor y la fatiga visual de forma constante.
La resequedad ocular no debería formar parte normal de tu rutina. Si sientes ardor, incomodidad, comezón o visión inestable, es una señal de que tus ojos necesitan atención. Escuchar estas señales y atenderlas a tiempo puede evitar molestias mayores y mejorar significativamente tu calidad de vida visual.
Acudir a una óptica de confianza es el primer paso para entender qué está pasando con tus ojos y encontrar una solución adecuada para ti.
Si notas molestias frecuentes, ardor o visión borrosa, una revisión visual oportuna puede ayudarte a identificar la causa y mejorar tu comodidad diaria, consulta el siguiente blog.